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Meses atrás durante este año, días después de que el papá de Camila no llegara a casa a cenar una noche, la niña de entonces 6 años de edad tenía muchas preguntas para su padre.
¿Dónde estás?, ¿Qué vas a cenar?, ¿Puedo ir a cenar contigo?
Luis dijo que su hija, curiosa, alegre e inteligente, normalmente está pegada a su lado. Ella lo sigue alrededor de su hogar en San Diego, le hace compañía en viajes a la tienda y le hace preguntas que él dice están muy adelantadas a su edad.
Pero esta vez, mientras Luis escuchaba la voz de su hija a través de un teléfono de paga dentro de un centro de detención migratorio, las lágrimas se juntaban en sus ojos. Él luchó por encontrar las palabras correctas para explicarle a su hija de primer grado que fué arrestado por oficiales de inmigración justo cuando llegaba su trabajo una mañana en febrero y que no sabía cuándo la vería de nuevo.
Ahora estoy en una escuelita, le dijo él. Me dieron mucho trabajo, pero ya que lo termine, voy a regresar a casa.
Nota del Editor:
inewsource está reteniendo algunos detalles personales sobre Camila y su familia, y no está utilizando sus nombres verdaderos debido a que temen ser identificados y señalados por autoridades de inmigración. Ocultamos la identidad de fuentes en pocas instancias y sólo cuando existe un interés noticioso convincente y cuando la historia probablemente no podría ser transmitida sin tomar estas acciones.
Más familias a lo largo del país pudieran enfrentar pronto conversaciones similares mientras la administración de Trump intenta llevar a cabo la campaña de deportación más grande en la historia de los Estados Unidos. Mientras que su predecesor se enfocó en arrestos en el interior del país contra aquellos con antecedentes criminales serios o violentos, funcionarios de Trump han dejado claro que cualquier persona en territorio americano de forma ilegal es un objetivo.
El presidente ha justificado las deportaciones masivas como protección de los americanos de la violencia que él dice perpetran los inmigrantes a lo largo del país. Sus seguidores apuntan a casos individuales de personas asesinadas por inmigrantes en años recientes como evidencia del problema.
Sin embargo, hay investigaciones que no apoyan la relación entre la inmigración y el crimen. De hecho, estudios sugieren que los inmigrantes cometen crímenes violentos en índices más bajos en comparación a los ciudadanos nacidos en los Estados Unidos. Reportes indican que los arrestos recientes han sido enfocados en su mayoría hacia aquellos sin antecedentes criminales, aparte de las violaciones de migración.
Pero algunos dicen que hay un grupo de ciudadanos estadounidenses en riesgo bajo la agenda del presidente: los hijos de padres que viven en el país sin estatus legal. En el Condado de San Diego, existen más de 56,000 niños en esa situación, según un estimado del American Immigration Council, un grupo defensor y de investigación.
Muchos pudieran ser separados de un padre – o de ambos – o de su vida en su país natal, ya que los padres que enfrentan la deportación se debaten entre dejar a sus hijos en los Estados Unidos o llevárselos con ellos.
La Casa Blanca no respondió a preguntas específicas sobre cómo es que su política de inmigración afecta a esos niños, pero dijo que cualquier persona en el país de forma ilegal se debería de “auto deportar inmediatamente”.
“Entrar de manera ilegal a los Estados Unidos y tener un hijo no le da a los ilegales un pase para violar la ley federal de inmigración sin consecuencias”, dijo Abigail Jackson, vocera de la Casa Blanca.
El Representante demócrata de los Estados Unidos Juan Vargas, cuyo distrito congresional incluye partes del sur de San Diego y Chula Vista, dijo que la situación viola los derechos de los niños estadounidenses, quienes deberían de poder permanecer con sus padres en su país de orígen.
“Realmente es un uso indebido de la ley para crear una injusticia increíble”, dijo Vargas.
Ambos padres de Camila, quienes son originarios de México, se encuentran en el país sin estatus legal y han estado en los Estados Unidos durante más de una década. Han trabajado como personal de aseo, lavando carros, recolectando basura y no cuentan con antecedentes criminales aparte de sus violaciones migratorias. Mientras que Camila y su hermano de 11 años de edad son ciudadanos estadounidenses, su hermana mayor – quien llegó al país con su madre cuando tenía 7 – también se encuentra en el país sin estatus legal.
Durante esas llamadas telefónicas desde el centro de detención después de su arresto, Luis quería que Camila supiera que él estaba bien. Él quería que ella se enfocara en la escuela, que siguiera siendo una niña.
Pero había una pregunta que ella hacía en cada llamada que no podía responder:
¿Cuándo vas a regresar a casa?
Pocas opciones
Cuando Luis llegó a los Estados Unidos en 2008 después de haber cruzado la frontera con la ayuda de un traficante de personas, él no planeaba quedarse. Su plan era ahorrar dinero para empezar un negocio en México y ayudar al sustento de su familia.
Algunos años después, su ahora esposa y su hija mayor lo siguieron después de cruzar la frontera con visas. Eventualmente, la pareja tuvo dos hijos en los Estados Unidos y decidió quedarse. Mientras que saben que están en los Estados Unidos de manera ilegal, la pareja dijo que ha trabajado duro para mantener a sus hijos, no se han metido en problemas y han pagado sus impuestos, esperando que algún día pudieran ser capaces de legalizar su estatus.
inewsource visitó el lugar donde Luis trabajaba y conversó con un compañero de trabajo quien dijo haber estado presente cuando Luis fué arrestado. También hablamos con un amigo de Luis que es de San Diego y trabaja en una universidad local, quien dijo que ha conocido a su familia durante más de una década. inewsource corrió los nombres de los padres en bases de datos de cortes criminales federales y estatales, sin encontrar ningún resultado.
Mientras que los padres de Camila han vivido en los Estados Unidos sin estatus legal durante administraciones previas, la escala de la operación actual de Trump pudiera significar que más padres de familia como ellos pudieran resultar afectados, según Nan Wu, director de investigación del American Immigration Council. Alrededor de 4 millones de niños estadounidenses cuentan con al menos un padre que vive aquí de manera ilegal, según el estimado del grupo.
Trump retrocedió una política previa que ordenaba a los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos a priorizar arrestos de personas con antecedentes criminales serios o violentos. También retrocedió otra que prevenía acciones migratorias en escuelas, centros religiosos, centros médicos y otras locaciones “sensibles”.
Funcionarios de alto nivel como Stephen Miller, Jefe del Gabinete de la Casa Blanca, y Kristi Noem, Secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, están apuntando a un número de 3,000 arrestos de inmigración por día, los cuales triplicarían las cifras de inicios de este año.
Entre presiones crecientes, los agentes, en ocasiones enmascarados y utilizando autos sin logotipos, han detenido a personas en gasolineras, autolavados, restaurantes, tiendas y en otros lugares en Los Angeles y a lo largo del estado de California.
Algunos esfuerzos republicanos están intentando prevenir la ciudadanía estadounidense para niños como Camila en primer lugar.
La administración de Trump está intentando ponerle fín a la ciudadanía por nacimiento – un derecho establecido en la constitución de los Estados Unidos durante más de un siglo – clamando que la 14ta enmienda no le garantiza la ciudadanía a aquellos quienes nacen en suelo estadounidense cuyos padres se encuentran en el país ilegalmente o de forma temporal. Varios jueces ya han bloqueado el intento, con uno de ellos decidiendo que es “descaradamente inconstitucional”.
La ley de inmigración actual proporciona pocas opciones para personas como los padres de Camila, e “incluso esas opciones vienen a veces con riesgo significante”, dijo Ariel Ruiz Soto, analista experto de políticas del Migration Policy Institute, un centro de investigación sobre inmigración.
Generalmente, una vez que una persona entra y permanece en los Estados Unidos de manera ilegal, es muy difícil que gane estatus legal, dijo Ruiz Soto. Debido a eso, muchos siguen viviendo aquí sin estatus legal en vez de arriesgarse a ser separados de sus familias.
“En algunas administraciones, ha sido más fácil. Bajo la administración actual de Trump, eso se vuelve significativamente más difícil”, dijo.
Valerie Sigamani, La abogada de inmigración de Luis, dijo que este tiene un caso complicado frente a él.
“Es muy perturbador ver que las familias están siendo destrozadas de esta manera y que tengan que tomar decisiones sobre cómo sería ser separados uno del otro”, dijo Sigamani.
Después del arresto de Luis, Maria mantuvo a sus hijos durante varios días en casa sin ir a la escuela, temerosa de que el ICE la encontrara ahí. Ella misma estuvo cerca de ser arrestada por agentes cuando Luis seguía detenido, dijo, y se preocupó de que sus hijos pudieran haber quedado abandonados, sin padres quienes los recogieran de la escuela.
Durante esos días, se inquietaron. Camila le pedía a su madre que la dejara jugar afuera con su vecina, pero Maria no la dejaba.
“¿Cómo puede ser posible que estemos encerrados en nuestra propia casa?” Dijo Maria haberse preguntado a sí misma.
Deportación ‘De facto’
Los padres de Camila ya decidieron: Si se ordena la deportación de Luis, la familia completa de cinco dejaría los Estados Unidos y se iría a México. Ellos no cuentan con familia allá quien pudiera cuidar de los niños, dijeron, y quieren permanecer juntos.
Maria ha intentado mantenerse positiva y preparar a sus hijos para lo que eso pudiera traer – nuevas amistades en la escuela y nuevas mascotas en el hogar – pero ella aún se pregunta cómo es que se van a ajustar, y hay investigaciones que indican que ella pudiera estar en lo correcto al preocuparse.
Según un estudio de la Universidad de California en Davis, los niños deportados “ de facto”, aquellos niños que dejan los Estados Unidos para unirse a sus padres a quienes se les ordenó la deportación, eran más propensos a no contar con seguro médico y vivienda estable en comparación a niños estadounidenses quienes se mudaron a México por otros motivos.
Ese estudio encontró que alrededor de uno de cada seis niños ciudadanos estadounidenses – entre 80,000 y 100,000 niños – que viven en México se mudaron ahí con algún familiar que fué deportado.
Claudia Masferrer, una de las autoras del estudio, dijo que a algunos niños se les dificulta ajustarse al lenguaje y al currículo escolar, y que enfrentan bullying en las escuelas. Existen pocos recursos particularmente para aquellos niños en zonas rurales de México donde pocos o incluso un solo niño ciudadano estadounidense reside, dijo.
“Durante demasiado tiempo, nuestra ley de inmigración ha sido indiferente hacia el daño que sufren en específico los niños con ciudadanía estadounidense”, dijo Wendy Cervantes, quien aboga por familias y niños inmigrantes en el Center for Law and Social Policy. Ese daño incluye el miedo en el que las familias viven durante periodos de actividad de inmigración incrementada como el actual, así como los impactos directos de la deportación de un padre de familia.
inewsource le preguntó a Jackson, la vocera de la Casa Blanca, si el gobierno ofrecería alguna ayuda o recursos para niños ciudadanos estadounidenses quienes son separados de algún padre o que tienen que vivir fuera de su país natal debido a la deportación de un padre.
Ella no respondió a esas preguntas. En vez de eso, dijo que esos padres “pueden elegir traer a sus hijos de regreso a su país natal, justo como eligieron romper la ley y entrar de forma ilegal a los Estados Unidos”. Jackson también hizo referencia a dos madres de mujeres asesinadas en los Estados Unidos por inmigrantes en años recientes, quienes Jackson dijo no tienen la opción de quedarse con sus hijas, y cuyas historias han sido citadas por la administración y sus seguidores como justificación de las deportaciones en masa.
Mientras que la audiencia de inmigración de Luis se avecina, la familia, en gran parte, sigue su vida de forma normal.
En mayo, celebraron el cumpleaños de Camila en casa con panqués con cubierta rosa y pizza. Durante una tarde más reciente, la hija con ahora 7 años de edad se aventó en una tina de plástico llena de agua en el patio, los gritos juguetones de ella y su amiga sonaban por la calle.
Pero aún hay veces cuando algo le recuerda a Camila, y sus preguntas empiezan de nuevo.
Una mañana, ella estaba sentada en el sillón, poniéndose los zapatos mientras su mamá estaba en Facebook. Apareció un video de agentes de ICE arrestando a una madre, dijo Maria.
Mamá, ¿Qué está pasando?, ¿Se los está llevando el ICE?, ¿Te pueden hacer eso a ti si me llevas a la escuela?
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